De igual modo, Qué extraño es vagar entre la niebla «bebe» de esta misma presencia en el que el vapor de agua, surgiendo de los tres calderos de zinc pendientes del techo, emite una presencia. El humo asciende, ambienta el espacio, construye una escena donde la clarividencia aparece en lo imaginado, no en lo presente, que más bien nubla y confunde. El humo inicia con esta obra un camino místico, un puente, entre el cuerpo o lo material —terrenal y pegado al suelo— y lo espiritual o divino, siempre localizado en un plano superior, hacia donde se dirige el humo. Tradicionalmente, el humo adquiere un potencial metafórico de transitoriedad, además de lo ya indicado como puente entre lo terrenal y lo etéreo; pero es asimismo símbolo de purificación y protección y mensajero de lo invisible, anunciador de otro factor o elemento que deberá ser sentido.